La Esencia del Cambio: Nuestros Hábitos

Pensemos por un momento en nosotros mismos, un cambio sencillo que a muchas personas nos cuesta implementar es hacer ejercicio. Todos sabemos que ejercitarnos nos hace bien, entonces, si sabemos que nos trae beneficios para nuestra salud ¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo? Eso es meramente porque implica adaptar nuestros hábitos.

 

Este mismo ejemplo aplica para los cambios organizacionales; ya sea que vamos a cambiar a un nuevo sistema de informática o mejorar los procedimientos, cualquiera que sea el caso siempre vamos a tener que contemplar un cambio de hábitos del equipo de trabajo, y es importante estar claros que es un proceso que no se hace de la noche a la mañana.

 

Muchas veces pensamos que con comunicar el cambio y decir cómo se tienen que hacer las cosas de ahora en adelante vamos a lograr que la gente cambie, y esto causa a veces muchas frustraciones en el proceso porque pensamos “Ya les dije que esto lo íbamos a hacer de esta forma y no lo están haciendo”. Claro que es importante comunicarlo, pero eso no es suficiente, se debe además implementar una etapa de seguimiento hasta poder transformar los hábitos. El cambio va a prevalecer solo cuando logremos que se convierta en la forma en la que se hacen las cosas día a día, formando parte del  “torrente sanguíneo” de la cultura organizativa. Mientras los nuevos comportamientos no se arraiguen en las normas y los valores compartidos, están sujetos a degradarse tan pronto se eliminen las presiones. Es por esto que muchos procesos de cambio fracasan, porque no van a la esencia del cambio, no toman en cuenta los hábitos de su equipo de trabajo.

 

También es necesario prestar atención a las reacciones emocionales que este proceso origina. Los cambios consisten en una serie de hechos objetivos, pero la reacción de las personas es siempre subjetiva. El cambio va a ser exitoso únicamente después de que se hayan alterado con éxito los hábitos, después que el nuevo comportamiento genere algún beneficio para el equipo durante un tiempo, y sobre todo después de que la gente perciba la conexión que existe entre las nuevas acciones y las mejoras obtenidas.

 

Si planeas implementar un cambio en tu organización no te precipites, al final será menos tiempo, pero al fin y al cabo tiempo perdido. Un proceso de cambio precipitado está condenado a fallar. La verdadera transformación toma tiempo, dedícale los recursos y esfuerzos necesarios para su éxito. Acompáñate de un grupo (interno o externo) que te ayude a desplegar, comunicar y dar seguimiento al cambio; trasmite claramente los beneficios y sobre todo considera la esencia del cambio: los hábitos de tu equipo.

 

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